Ayer me llamó la actriz Diana Bracho. Su esposo se puso mal y se lo iba a llevar al hospital. Su esposo ha sido su mayor apoyo. Dice que está peleada con la teconología, por lo que me entregará una hoja amarilla, con la contraportada de "El tiempo suspendido", escrita a mano. Impaciente, espero que su esposo se mejore. Y después, que termine de escribir mi contraportada.
Me encontré a Miguél Olmos en el café Guardatiempos de La Condesa (ya vendieron "La nave libertad"). Estoy considerando llevarlo a la Feria del Libro con Experiencia de Valle de Bravo, que mi maestra, Maricruz Patiño, me autorizó organizar. Ima gino a Miguel tocando en la guietarra música barroca o española, mientras los lectores hojean nuestros libros.
Hoy leeré, más tarde, el texto de Pedro Paunero sobre su experiencia ciclotímica.
Para mí hoy es un día más de estabilidad, total.
En el Videódromo, alquilo dos películas, una de Theo Angelopoulos, otra de Atom Egoyan. Dos directores que me gustan mucho. Sobre todo, el primero.
Me siento más cerca de A. que nunca.
Leí un fragmento del texto de Pedro Paunero. Cuando era pequeño, tenía unos 10 años, sentía la pulsión de salir a la calle, pararse en una esquina y gritar. Pedir que se terminaran las guerras, gritar en contra de todas las atrocidades del ser humano que él, a su corta edad, alcanzaba a vislumbrar.
Mi madre habla con Diana Bracho. Le dice que ha leído mi novela 3 veces y la ha conmovido mucho. También a su esposo.
Por la noche pierdo las esperanzas. Veo todo muy difícil. Vuelvo a pensar en el suicidio. No había pensado en esa posibilidad en mucho tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario