lunes, 1 de junio de 2009

Ciudad de México

Lunes negro. Los acontecimientos me entristecen. ¿Cómo puede mi espíritu recobrar su serenidad? Aunque, a pesar de todo, vuelvo a estar en equilibrio.
Poco después de despertar, se reveló la trama de la novela, que hasta ahora me ha dado por llamar: "El hijo": Un escritor llega, trabajando en un barco carguero, a su fría ciudad de origen. Llega deprimido tras el intento fallido de publicar una novela que le tomó 4 años escribir (falta definir trama de esa sub-novela). Ahí está su novia de juventud. Espera un hijo de un hombre que la abandonó. El re-encuentro de estos dos seres solitarios hará que se vuelvan a unir, y el hijo jugará un papel importante. Falta definir el final.
El primer capítulo empieza así:
Durante los primeros meses del embarazo, Anna no sintió a su bebé. Le crecía la panza y el bebé se movía un poco, pero ella, espiritualmente, no lo percibía. Era como si viniera muerto. No lograba hacer contacto con él. Había escuchado que algunas mujeres embarazadas se sentían acompañadas todo el tiempo. Pero ella se sentía más sola que nunca. Quizá porque Vladimir la había abandonado.
El primer mes, después de que supo que estaba embarazada, pensó en practicarse un aborto. Finalmente, no tuvo el valor de hacerlo. Entrando en el sexto mes, el bebé empezó a patear con más fuerza la pared flexible del útero, como si quisiera recordarle que ahí estaba. Fue entonces cuando lo empezó a sentir, con un ímpetu indescriptible. Dejó de utilizar el «yo» y empezó a utilizar el «nosotros». Cambió el «voy» por el «vamos». Hizo conciencia de que su cuerpo era una especie de posada donde pasaría un tiempo el cuerpo de su hijo. La idea de llevar dentro de sí al cuerpo de su bebé, que con el tiempo se convertiría en un hombre grande, la horrorizaba y maravillaba al mismo tiempo.

Resultado de mi exámenes físicos: Litio: 0.4 (la mitad de la dosis terapéutica, todavía). Azúcar: 93, ya regularizada.
Entré a la iglesia. Recé a San Charbel y a Santa Rita de Casia. No sé si mis oraciones se quedaron impregnadas en dos trozos de madera o si, a través de esas imágenes, se fueron al cielo.
Desaparece un avión de Air France en el Atlántico, con 228 pasajeros.
Todo se arregló con A. Me siento más tranquilo. La amo.

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